ENTREVISTA

“La gran mayoría de casos de violencia de género no se denuncia”

Kika Fumero, directora del Instituto Canario de Igualdad

Foto: Adriel Perdomo.
M. Riveiro 0 COMENTARIOS 16/12/2019 - 05:03

-¿Cómo ha sido su aterrizaje en el Instituto Canario de Igualdad?

-La llegada al Instituto Canario de Igualdad se ha producido con mucha ilusión, con muchas ganas y también con un gran sentido de  la responsabilidad. En el Gobierno estás rodeada de un equipo que ni en mis mejores sueños y, por eso, acepté el cargo. El Instituto que nos hemos encontrado está muy escaso de personal. Es un grupo humano muy potente, de personas muy comprometidas con la igualdad, feministas y con un activismo civil que llevan al trabajo. Por eso está funcionando.

-¿Qué objetivos tiene el nuevo Gobierno de Canarias en materia de igualdad?

-El Instituto Canario de Igualdad es un organismo autónomo impulsor de políticas públicas. Desde el Instituto ejecutamos poco de forma directa, lo que hacemos es subvencionar y coordinar programas con distintos sectores, tanto institucionales como sociales. Uno de los objetivos que nos hemos marcado es que la igualdad sea un elemento transversal en todas las acciones del Gobierno, que sea real y efectiva, y que tanto las instituciones públicas como la sociedad entiendan que la perspectiva de género debe impregnar desde los presupuestos al urbanismo, la agricultura o la pesca, por poner unos ejemplos.

-¿Cómo se pasa de la teoría a la práctica?

-Con voluntad, queriendo hacerlo y entendiendo que es una prioridad visibilizar, atender e integrar al 52 por ciento de la sociedad, que hasta ahora se ha dejado aparte. Eso tiene que ser una prioridad sí o sí, y así se tiene que asumir.

-Han presentado una guía dirigida a evitar los estereotipos de género en los medios de comunicación. ¿Es tan importante el uso del lenguaje? ¿Cuáles son los principales errores que se cometen?

-El lenguaje es fundamental porque es un indicador de cómo está la sociedad y, culturalmente,  explica cómo es un colectivo. Por lo tanto, es fundamental cuidarlo.  Con el lenguaje transmitimos posiciones, pensamientos, ideología… Si hablamos de violencia de género es importante el tratamiento que se hace de la información. Por ejemplo, no hablar de crimen pasional sino de asesinato machista, terrorismo machista, feminicidio o, cuando menos, de asesinato. Se suele decir “se ha hallado muerta a una mujer”. Las mujeres no aparecemos muertas de la nada por ciencia infusa, nos están asesinando. Si por presunción de inocencia no se puede utilizar el término “asesino”, hay recursos en el lenguaje, que es rico y nos da las herramientas adecuadas.

“La mujer tiene miedo a denunciar y a que no la crean, a no saber la respuesta del agresor, a tener que volver a casa con él, a que le pase algo a sus hijos… Hay un desconocimiento general de todos los recursos que existen para atender los casos de violencia de género”

-Recientemente se ha producido un crimen machista en Tenerife, el caso de Sara, hace un año se produjo otra muerte brutal en Lanzarote, el caso de Romina, y hace año y medio el crimen de Vanesa en Fuerteventura, por citar solo unos casos. ¿Qué papel juega el Instituto Canario de Igualdad en estas causas?

-El Instituto Canario de Igualdad se persona en todos los procedimientos que se siguen por asesinatos machistas en las Islas. En general, la violencia de género es un problema grave. La gran mayoría de casos no se denuncia, apenas un 20 por ciento. El Instituto financia un servicio del 112 para víctimas de violencia de género para que, cuando una mujer llame al teléfono de Emergencias, se active un protocolo específico: el Dispositivo de Emergencia para Mujeres Agredidas (DEMA). De esta manera, nos personamos donde se encuentre la víctima y la acompañamos en todo momento, se la atiende desde el punto de vista sanitario, si así lo requiere, se la ayuda a poner la correspondiente denuncia. Este dispositivo tiene asociada una casa de acogida inmediata, en la que la víctima puede estar los primeros 15 días. Hay un acompañamiento y un servicio integral, con trabajo social, psicológico y de asistencia jurídica.

-¿Por qué cree que se da el porcentaje de denuncia que cita, de apenas uno de cada cinco casos?

-La mujer tiene miedo a denunciar y a que no la crean, tiene miedo a denunciar y a no saber la respuesta del agresor, miedo a denunciar y a tener que volver a casa con él, miedo a denunciar y a que les pase algo a sus hijos o, incluso, a que sus hijos le puedan echar en cara en el futuro haber metido a su padre en la cárcel. También hay un desconocimiento general de todos los recursos que existen para atender los casos de violencia de género y ese es uno de los grandes retos que tenemos por delante.

-Un elemento común en casos de crímenes machistas es la invasión de la intimidad de las víctimas y el control sobre con quién se relacionan. Es frecuente que sus conversaciones sean espiadas. Este comportamiento también se aprecia en los jóvenes. ¿Es una nueva forma de sometimiento? ¿Cómo se puede corregir?

-Concienciando de algo tan sencillo y complejo a la vez como es la intimidad de la persona. Espiar los teléfonos es una nueva manera de sometimiento, en tanto en cuanto se han incorporado las nuevas tecnologías a nuestras vidas, pero el control de la otra persona es un comportamiento bastante viejo. Esas conductas se cambian educando en valores. Tenemos un convenio con la Consejería de Educación y estamos generando proyectos para trabajar con los centros educativos. El gran reto es llevar la coeducación, la igualdad en la educación, a las aulas. No se trata solo de desarrollar talleres y jornadas formativas en fechas concretas, sino que la igualdad tiene que estar presente en el día a día y en todas las asignaturas.

“Las trabajadoras del sector turístico están súper desprotegidas, la mayoría viene de empresas de trabajo temporal y, al fin y al cabo, es un trabajo que se realiza en una habitación”

-Han salido a la luz recientemente denuncias en el sector turístico de abusos sexuales de clientes a trabajadoras, como uno que sucedió en Lanzarote. ¿Le preocupan al Instituto Canario de Igualdad?

-En el caso concreto de Lanzarote intervinimos directamente desde el Instituto, lo hicimos público, nos pusimos en contacto con Trabajo, pedimos una inspección y nos dirigimos al hotel. Algo tan fácil como hubiera sido que el director del hotel hubiese dado un paso al frente y se hubiese posicionado, no ocurrió. Se quiso tapar el caso. Las trabajadoras están súper desprotegidas, la mayoría viene de empresas de trabajo temporal, ni siquiera está en la plantilla de los hoteles y, al fin y al cabo, es un trabajo que se realiza en una habitación en la que está la trabajadora y el cliente. En ese caso en concreto, el hotel priorizó su negocio y al cliente antes que a sus propias trabajadoras.

-¿Se pueden erradicar esas conductas?

-Soy totalmente positiva y creo en el cambio, estoy convencida de que, aunque nos hayan educado en esta cultura, nos podemos reeducar y, además, somos seres pensantes y tenemos la capacidad de decidir qué sociedad queremos construir.

-¿No considera que se ha excluido a los hombres, en ocasiones, de la causa de la igualdad?

-No creo que se les haya excluido. A lo mejor, primero nos hemos tenido que concienciar nosotras y empoderar, porque, al fin y al cabo, eran nuestros derechos. Vamos a ver, no hace tanto, en 1981, se aprobó el divorcio, y pasamos a ser de nuestras madres porque hasta entonces éramos de nuestros padres exclusivamente, que ni siquiera tenían que consultarles. Vamos a ubicarnos en los derechos que hemos conquistado: hace 50 años el hombre que asesinaba a su mujer, por ejemplo porque había cometido adulterio, era desterrado al pueblo de al lado. Todo eso es reciente. No se ha excluido al hombre, pero hemos tenido que empoderarnos nosotras y salir a la calle a reivindicar derechos. Una vez conquistados esos derechos y estando en una situación formal de igualdad, que no real, hemos dicho: “A ver, necesitamos a nuestros compañeros y tienen que sumarse, porque la igualdad nos favorece a todos”. Los hombres asesinan a las mujeres, pero los hombres también se asesinan a ellos mismos. El 95 por ciento de los hombres que mueren asesinados lo hacen a manos de otros hombres. Es cuestión de educación y de la construcción de una masculinidad tóxica y agresiva. Lo más fácil para todos los hombres, en un momento de rabia, de tensión y de cabreo, es solucionar ese conflicto de manera inmediata con la violencia. Algo estaremos haciendo mal con nuestros compañeros. Es fundamental, a estas alturas de siglo, seguir adelante juntos, porque es algo que nos compete a todos.

-Hay opciones políticas, como Vox, que reniegan de las leyes contra la violencia de género y la reducen a violencia intrafamiliar. ¿Ese tipo de discursos hace daño a una sociedad más igualitaria?

-Hace mucho daño, básicamente porque niegan e invisibilizan una realidad que existe y está demostrada. No somos cuatro locas las que lo decimos. Hay leyes y tratados internacionales, posicionamientos de Naciones Unidas y de la Unión Europea. Las cifras están ahí. Están tocando temas muy delicados, tocan a vidas, a identidades, y quieren quitar derechos a personas LGTB o a los menores inmigrantes. Ante eso, estamos reaccionando desde el cabreo, y ahí nos equivocamos. Hay que mantener la calma. Sabemos cuál es su discurso, que genera odio, y hay que responder con inteligencia, con cabeza y no con las entrañas. Hoy por hoy, todavía podemos perder muchos derechos, que están conquistados, pero no asegurados, y podemos ir hacia atrás. Eso sí, si algún día consiguen llegar al poder nos van a encontrar en la calle, no a las cuatro feministas de antaño, sino a una parte muy importante de la sociedad, hombres y mujeres.

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